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Tony García: las manos de oro detrás de la medalla de Limardo

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Posted 6 agosto, 2019 by admin in Destacado

El fisioterapeuta logró una recuperación imposible

El campeón olímpico hizo partícipe de su logro al ex sablista que lo acompaña en su equipo médico

(Prensa Comité Olímpico Venezolano – Lima, martes 6 de agosto) Nadie lloró tanto como Tony García cuando Rubén Limardo concretó, en la muerte súbita, el toque que lo clasificaba a la final de la espada y aseguraba el oro panamericano para Venezuela, con su hermano Jesús ya esperándolo en la fase decisiva.

Nadie se trasnochó tanto como Tony García desde la llegada a Lima y nadie trabajó tan duro, tal vez ni siquiera el propio Limardo, durante la jornada que terminó con los hermanos bolivarenses oyendo juntos el himno nacional.

García es desde hace dos años el fisioterapeuta de Rubén Limardo. Pero desde hace siete había decretado que lo sería. Acababa de poner fin a su carrera como sablista, para la que siempre contó con la asesoría del campeón olímpico ante cada consulta.

Cuando iba a empezar sus estudios le dijo “un día voy a trabajar contigo”. “Llámame cuando te gradúes”, le respondió Rubén. Así lo hizo,  y poco después estaba sumado al proyecto de la espada bolivarense que crece al amparo de la estructura de la esgrima de Polonia.

Limardo tenía dos semanas sin calzar la empuñadura, desde su temprana salida del Mundial de Budapest. Ambas rodillas le fallaban, particularmente la derecha, así como la mano y el codo izquierdos. El día de su hazaña en la madrugada, Rubén cabeceaba en el servicio médico, mientras Tony le aplicaba un tratamiento tras otro, en una angustiosa carrera contra el tiempo para remendar la arquitectura del campeón.

“Fue un proceso difícil, de altibajos, en una temporada muy complicada. Faltando cuatro meses para terminarla, apareció una lesión muy difícil de tratar, y a pesar de ello se consiguieron resultados históricos para el país como la final del Panamericano de Toronto, primera vez que una pareja de hermanos llegaba a esa fase, y ahora este de Lima”, repasaba García, todavía con los rastros del llanto en su rostro tras la coronación del campeón.

A Jesús también tuvo que dedicarse, para superar un problema en un tobillo, pero nada tan serio como el viacrucis de Rubén, a quien incluso debió atender entre combate y combate.

“Cuando lo vi en tableau de ocho, ya sabía que algo grande iba a pasar”, confiesa García, aunque eso no le ahorró el llanto que lo sacudió con el último punto ante el cubano Yunior Reyter.

“Es imposible no llorar, no estar contento después de este resultado. Llegué a temer que no pudiera estar al nivel de la convicción que él tiene. Él es un guerrero, nunca se da por vencido, así que yo pensaba que tampoco yo podía hacerlo. Estoy creciendo mucho profesionalmente y como persona con Rubén. Él me enseña que con convicción todo lo podemos lograr, y sin duda creo que podemos hacer realidad esa medalla olímpica”.

La jornada fue tan extrema, que después del combate de mayor demanda física, contra el argentino Jesús Lugones, Limardo tuvo que dormir para reponer energía. “Era la única forma de recuperarlo”.

El mejor premio luego de recuperar a un campeón roto fue el reconocimiento del paciente. “Me dijo que parte de su medalla era mía”, celebraba García, y la voz volvía a quebrarse, esta vez de orgullo y no de angustia.

Fotos Juan José Sayago


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