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En Sala de Espera… Por Kleiber Moncada / @KJmoncada

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Posted 13 septiembre, 2013 by admin in Columna Deportiva

Hay victorias que saben a derrotas, jugadas fenomenales que se vuelven comunes y goles que a veces ni provoca celebrarlos. Venezuela jugó ante Perú como siempre la hubiésemos soñado. Cualquiera que haya visto el juego sin conocer la tabla de posición diría que nuestro país está clasificado e incluso, lo visualiza ya en la segunda ronda del Mundial. Pero no es así. Es un cuento largo que no entra en estas líneas. Es como comerse las verdes y que después de todo, te siga tocando lo amargo.

Difícil no es ver a una selección peleando cada balón y cada jugada con la presión que llevan encima. Difícil es ver como hay quienes se aprovechan de cualquier desajuste para sentenciar que Venezuela debería seguirle apostando a las mujeres bellas y dejarles el fútbol a los “dioses”. Gente que entre risas burlonas asegura que nuestro país es perfecto, si, perfecto para siempre morir en la orilla.

Hay muchos que creyeron que la selección era una moda, que era chévere y de gente cool salir a las calles con la camiseta de la selección y publicar en sus redes sociales un “I love Vinotinto”. Esa es la gente que se desencantó cuando vio los primeros tropiezos y que abandonó la balsa cuando más se necesitaba remar. Esa es la gente que cree en el amor pero que no sabe amar.

A Venezuela le quedan miligramos de oxígeno, las sirenas suenan, las luces de emergencia están encendidas, titilan, impactan en las paredes y se difumina el reflejo, pero mientras el corazón no se detenga, el paciente está vivo.

Como periodista debo admitir que mis pensamientos se han volcado a las eliminatorias de Rusia 2018. Ahora, como fanático, mantendré mis dedos cruzados, mi gorra volteada y dejaré a un lado mis posturas escépticas para creer, pedir y anhelar un milagro. Así como se pierde, se gana. Y así como se gana por un gol se puede ganar por cuatro, cinco y hasta seis.

Como periodista redactaré de forma ecuánime y lo más “objetivo” posible. Como fanático me apostaré en la Sala de Espera aguardando los próximos 90 minutos ante Paraguay. Una revancha cantada, un encuentro de emociones que puede decidir el fin de una era… o la realización de un sueño ancestral.


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